domingo, 15 de febrero de 2009

Pensamientos pre-cuarenta y tres

"¿Quiénes son mis contemporáneos?- se pregunta Juan Gelman.
Juan dice que a veces se cruza con hombres que huelen a miedo, en Buenos Aires, París o donde sea, y siente que esos hombres no son sus contemporáneos. Pero hay un chino que hace miles de años escribió un poema, acerca de un pastor de cabras que está lejísimos de la mujer amada y si embargo puede escuchar, en medio de la noche, en medio de la nieve, el rumor del peine de su pelo; y leyendo ese remoto poema, Juan comprueba que sí, que ellos sí: que ese pastor y esa mujer son sus contemporáneos." Eduardo Galeano


“Los caminos de Dios son insondables”, leí en alguna parte. Y como nosotros somos una partecita de ese Dios, según algunos, y somos nuestros propios dioses, perfectos con todas nuestras imperfecciones, según me gusta creer, nuestros caminos y vericuetos también lo son. Sólo que tenemos la sospecha de que ese Dios, que a veces pensamos tan externamente a nosotros, tiene todo bien pensado para nuestras vidas. Claro, él estaría viendo el tablero de juego desde arriba. Sabe las coordenadas, ve los lugares en que nos cruzamos... y nosotros, a algunos de esos caminos los vamos teniendo claros, de tanto repetir el juego; pero hay circunstancias que no dejan de asaltarnos y sorprendernos. Nuestros "rollos" internos yacen tan escondidos en ocasiones, que al parecer lo Divino viene a nuestro encuentro para ayudarnos a desmadejarlos. Y la magia se hace presente.
Digo Dios como podría decir Espíritu, Ser Superior, Energía... hablo de ese halo invisible que nos da vida y razón, que nos nubla la vista cuando ciertas emociones nos sorprenden flojos, que nos estruja el estómago ante una situación que nos supera, que nos sonroja, que nos eriza la piel cuando algo nos toca el alma... que nos sostiene en la noche más oscura, que nos muestra lo valientes que podemos ser en las peores circunstancias, que le da el brillo a nuestra mirada, que inspira nuestras canciones más queridas y nuestros poemas más recitados.

Viviendo compruebo que no hay edad para cambiar, que las oportunidades existen siempre, que debo seguir aprendiendo a no juzgar al prójimo, que el prójimo soy yo, mi espejo. Que detrás de cada encuentro, o de cada problema hay una razón: el regalo oculto. Que está bueno el hacerse expertos en desenvolver regalos! Que siempre son regalos de alivio, aun cuando creíamos no necesitarlo.
Pienso que estamos hechos de partecitas. Llevamos en la memoria de nuestros cuerpos al niño, al adolescente, al joven que fuimos... y seguramente alguno de ellos tenga algo que necesita ser reparado, perdonado... sanado o reconocido. Hacia el final de la vida deberíamos haber logrado juntar todas esas partes. Conjugarlas armónicamente debería ser la culminación de las experiencias vividas. Algo parecido a la sabiduría.
Mientas tanto, aun cuando pensemos que “la tenemos clara”, aunque repitamos una y mil veces el rosario de nuestros entendimientos, de cosas reflexionadas, analizadas... cuando aparece alguna instancia inesperada que nos remueve el presente, que nos sacude el tablero... y nos obliga a pasar de nuevo por el cedazo a personas, recuerdos y circunstancias, tenemos frente a nosotros la oportunidad de recibir el regalo oculto. Éste se hace presente (justamente la palabra “presente” significa “regalo”) cuando algo en nuestra vida debe dar un vuelco, tomar otra dirección. Cuando debemos decidir algo. Cuando estamos demasiado atados a cierta idea del pasado o capricho del presente que no nos permite dar un paso hacia nuestra evolución.
De pronto me vino a la memoria una imagen de Navidad, allá lejos y hace tiempo (o recién, o ahora; ya casi no manejo el tiempo lineal) cuando nos escondían los regalos por la casa y debíamos buscarlos. Quizá allí, tempranamente, empecé con este ejercicio aliviador, sanador me gusta más, que me ha ayudado a ir desmadejando las circunstancias de mi vida, eligiendo mis propias hebras para luego crear mi tapiz personal. A veces ese camino ha sido solitario, otras, he contado con otro par de brazos compañeros que me han ayudado para el hilado... pero lo importante es tener claro que los artesanos somos nosotros mismos. Yo cada vez lo tengo más claro y sé que siempre es solo el principio, pero no importa, es parte del juego.
Y es un alivio grande el no echar culpas a nadie, hacerme cargo, atreverme a mirarme de frente a mí misma y aprender a amarme como soy, con las inmensas posibilidades que albergo en mi interior, con mis luces y mis sombras... con cada vez más luces que sombras. Es posible. Lo sé. Y sé que voy por buen camino cuando me encuentro cómoda ante las presencias y ante las ausencias. Cuando me siento parte y no tan aparte. Cuando dejo fluir esta necesidad de compartir y no me pongo trabas. Cuando entiendo que ocuparme de mí es ocuparme de los demás y viceversa.

lunes, 2 de febrero de 2009

Tarta de tomate, queso y cebolla

Ingredientes masa:

200 g de harina común
Aceite, 1 chorrito
Sal, dos pizcas
Agua fría c/n
Entusiasmo, todo el que puedas!

Mezclar todos lo ingredientes y formar una masa blanda. Dejar descansar tapada o llevar a heladera mientras se prepara el relleno.

Ingredientes relleno:

Tomates, tres grandes o cuatro medianos.
Queso tipo cuartirolo 400 g, o muzarella en trozo.
Cebollas grandes 2, o tres o cuatro si son chicas.
Orégano, sal, pimienta o cualquier otro condimento a gusto.
Creatividad y alegría.

Estirar la masa bastante fina, pero no demasiado para que no se rompa, ¿me explico?. Colocarla en un molde de tarta rociado con aceite y espolvoreado con harina. Pinchar el fondo y los bordes con un tenedor. Llevar por diez minutos al horno. Retirar y espolvorearle el fondo con pan rallado o salvado de trigo, o avena. Lo que tengas de ese estilo para que absorba la humedad, ya que la preparación es muy húmeda. Cubrir el fondo con la cebolla rehogada previamente (si lo hacés en manteca y sólo un chorrito de aceite queda especial...). Acomodar los trozos de tomate encima cubriendo toda la tarta (cortarlos tipo gajos de mandarina) y entre medio de cada uno, el queso cortado en bastones más bien gruesos.
Ponerle sal y orégano a gusto y rociar con aceite para ayudar a que el queso se derrita bien. Llevar a horno 180 a 190 grados hasta que el queso esté derretido.

Nota: También se le puede agregar encima un huevo batido con un poquito de leche y mucho queso rallado encima para gratinar.
Las versiones puede ser infinitas!! Se me ocurre agregarle aceitunas y albahaca para una versión bien mediterránea. Los carnívoros quizá quieran agregarle trozos de jamón...

Budín de coco y pasas de uva

Ingredientes

250 g de harina común
2 cucharaditas de polvo para hornear
75 g de manteca "pomada"
2 huevos
azúcar, un poquito menos de una taza
esencia de vainilla y/o ralladura de cáscara de limón o naranja
soda, un chorrito
leche c/n
coco rallado, a gusto
pasas de uva, a gusto

Y no olvidarse el ingrediente más importante: pizcas y cucharadas de Amor a troche y moche!

Batir enérgicamente la manteca blanda con el azúcar (para que el azúcar se disuelva bien).
Agregarle los huevos (si te hubieran sobrado claras de alguna otra preparación, como me ocurrió a mí, ésta es la oportunidad para usarlas también).
Sumarle la esencia y/o la ralladura y seguir batiendo.
Mezclarle el coco rallado, aquí la preparación se irá poniendo menos líquida. Agregar de a poco harina con el polvo de hornear ya mezclado. Cuando la mezcla empieza a ofrecer resistencia, echarle un chorro de soda y seguir sumando harina. Terminar de batir con un poco de leche. Agregarle las pasas. Debe quedar una masa chiclosa, tipo pegote, así que no hay que agregar mucha leche.
Colocar en moldes de budín de aluminio enmantecados y enharinados (salen dos). O en cualquier molde que tengas a mano, bah! Si tenés ganas le podés agregar rodajas de manzana encima, rociadas con un poco de azúcar y canela y unos trocitos pequeñitos de manteca arriba. Quedará una costrita crocante y riquísima cuando se cocine.
Llevar a horno moderado (180 grados). Introducir un palillo de madera o cuchillo para saber si está cocinado adentro. Debe salir bien seco.
¡Buen provecho!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Acerca de los discapacitados o diferentes, acerca de nosotros

Mucho se habla acerca de este tema en los medios de difusión. Mucho más que antes al menos. Y es a partir de allí que comienzan a circular y comenzamos a adoptar frases que repetimos como mantras reemplazando términos anteriores que comienzan a sonar no muy simpáticos, que no son agradables o “inclusivos”, esta última palabra muy de moda últimamente.
Con los avances y cambios en los métodos o técnicas psicológicas para tratar y encarar estos temas seguimos, sin saberlo conscientemente, creando monstruos. Creamos demonios y ángeles según los términos o formas con que nos expresamos respecto de “los diferentes”, los de “capacidades distintas”, los “no videntes”, los que tienen “trastornos de polaridad”, o los dwon, los mogólicos o mongólicos, los retrasados mentales, los ciegos o los locos, los que tienen “problemas”.
Si ponemos atención, son sólo términos, palabras, los códigos que inventamos y adoptamos en forma de convención para intentar entendernos y, en teoría, comunicarnos mejor.
El gran tema parece ser qué hacemos más allá de hablar, informarnos, actualizarnos, discutir y hasta polemizar sobre esto. Me parece que el gran tema es Ser. Qué somos. No de qué lado de la vereda nos ponemos, si en el de los “malos”, los “discriminadores”, o en el de “los buenos”, “los abiertos”, los “inclusivos”.
Al parecer a todos nos gusta sentirnos buenos, mejores, amplios en nuestros criterios, compasivos, superados.
En el fondo tenemos miedo. Miedo de no ser queridos, de no ser agradables, de no encajar.
Todos somos capacitados. Todos somos iguales. Nacemos con las mismas posibilidades. La posibilidad de superación. La posibilidad de involución. La posibilidad de recibir ayuda y de no. La posibilidad de pedir o de no saber recibir. La posibilidad de vivir y de morir. La posibilidad de poder reír y amar, y dar amor a pesar de la imposibilidad de caminar o de ver o de hablar; la posibilidad de ver pero no saber mirar, la posibilidad de caminar pero no saber a dónde ir, la posibilidad de oír y no saber escuchar.
Desde este enfoque, todos somos iguales. Formamos parte de una gran red que necesita de cada una de sus hebras y de su trama para existir.
La compasión, la pena, la lástima por ese otro que en teoría tiene algo menos que yo porque lo veo distinto, inferior, diferente, con más dificultades… es un engaño. Es parte del sueño de que estamos separados. Nadie es más o menos que yo. Nadie.
Miedo, miedo, miedo. Miedo de mirarnos, de abrazarnos, de darnos. Miedo de parecernos demasiado o algo a ese otro que me da pena, lástima o bronca. Miedo de que me pase a mí. Como si el hecho de que lo esté viviendo ese otro ya no fuera mi experiencia también. Por algo lo estoy viendo, por algo me entero o entro en contacto aunque sea breve con esa persona o situación. No somos más perfectos y normales y debemos sentirnos agradecidos y mejores por el hecho de que existan otros que viven circunstancias más difíciles que las nuestras. Su desdicha o desgracia no nos hace mejores, más agraciados, más felices, más perfectos y normales… Somos perfectos todos, incluso con nuestras desdichas y nuestras desgracias, con nuestra belleza y nuestra fealdad, nuestras pobreza y nuestras riqueza y, si se tratara de agradecer (que dicho sea de paso es una sana costumbre), aun en cualquiera de esas circunstancias deberíamos ser capaces de hacerlo… y ver qué pasa.
Todos tenemos cosas que superar, o no.
Podemos elegir. Puedo elegir ver y mirar al otro, escucharlo, ayudarlo, hacer algo. Y puedo elegir juzgar, ver de afuera, sufrir de prestado, escuchar el noticiario, llenarme de información y no hacer otra cosa, sentir que no puedo hacer nada… Y estoy eligiendo. Nada está bien o mal. Todo simplemente Es. Bien y mal. Blanco y negro. Frío y calor. Yin y Yang.
Sería buenísimo que aprendiéramos a incluir, que seamos inclusivos, sí. Pero que empezáramos por nosotros. Todos somos nosotros. Si soy ciego no significa ser un dechado de virtudes por otra parte. Puedo ser malhumorado, irascible o soberbio. Y puedo ser ciego y ser simpático, amigable y positivo. El mundo no tiene que amarme más por el hecho de no poder ver con los ojos físicos, por ejemplo. El mundo debería amarme por el solo hecho de ser un ser vivo, habitante de esta tierra. Un Ser humano que también tiene capacidad de dar amor, o de no darlo.
Y aquí llegué a la clave: el Amor.
Alguna vez leí que lo opuesto al miedo es el Amor porque el odio es el equivalente al miedo.
Creo que el Amor no es opuesto a nada. Que el Amor lo incluye todo. El Amor es algo realmente superior que nos contiene con nuestras bondades y nuestras miserias. El Amor por sí solo es una especie de conciencia. Es lo que nos devuelve la inocencia y nos acerca al resto del mundo sin prejuicios, como un recién nacido. Porque quién se animaría a afirmar que un bebé, que no es en teoría consciente, no es capaz de emanar amor. La sensación que produce la manito de un bebé aferrando nuestro dedo… traspasa cualquier barrera racional. Podemos ponerle a ese hecho la etiqueta psicológica de “reflejo de …” lo que sea, pero aun así el efecto que es capaz de producir, la cantidad de humores y sensaciones positivas que es capaz de producir en otro ser humano ese simple “reflejo” solo puede ser generado por algo que llamamos Amor. Y aquí entraré en una aparente contradicción… porque sí digo que es un reflejo. El bebé refleja algo de nosotros. Es Amor en estado puro. Es nuestra esencia descontaminada que viene a recordarnos lo que somos, lo que hay en nuestro interior.
Mmmm, por eso es curioso escuchar o ver a algunas personas que afirman que no les gustan los bebés. O que no les llaman la atención. O que son feos. O que son todos iguales. Y es esto último lo más acertado, me parece. Sí, son todos iguales, como somos nosotros todos iguales! Y si no me dan ganas de mirar a un bebé, de entrar en contacto con él… quizás sea que no tengo muchas ganas de mirar mi esencia, de regocijarme con lo simple, de sacarme etiquetas, de sentirme frágil y hermoso otra vez. Quizá.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Del regreso


Vuelvo a ti tierra querida

como volviendo a mí
Vuelvo y te encuentro
me encuentro
más vieja, más libre
y menos triste que antes
Semi-afirmaciones
con signos de preguntas rondando:
más libre?, menos triste?
Vuelvo y me quedo despojada
despojada sí, adrede,
de los sueños de regreso
y reencuentros emocionados
bordados en horas y horas
de nostalgias precoces
de crecimiento a destiempo
de madureces prefabricadas
Vuelvo cercana a los cuarenta
queriendo ser niña otra vez
para mirar tus esquinas
con los ojos de entonces
y me despojo adrede
de esos deseos antiguos
para poder respirarte
y transitar tus tiempos actuales
aceptarte como sos
y aceptarme como soy
Crecimos y no...
pero el amor sigue intacto
y lo inexplicable de pertenecer
me cobija hoy,
cuando ya no necesito casi nada.

martes, 9 de diciembre de 2008

Canto a mí mismo

Me celebro y me canto.

Me entrego al ocio y agasajo a mi alma,

me tiendo a mis anchas a observar

un tallo de hierba veraniega.

Clara y pura es mi alma,

y claro y puro es todo aquello que no es mi alma.

Estoy satisfecho: veo, bailo, me río, canto.

Poseo lo bueno de la tierra y del cielo,

el aire que respiro ha sido destinado a mí

desde la eternidad.

El vaho de mi aliento

mi espiración e inspiración,

los latidos de mi corazón,

el fluir de la sangre y del aire

a través de mis pulmones,

el olor de las hojas verdes y de las hojas secas

de la ribera y de las rocas marinas

de oscuro color,

del heno del granero, el sonido de las palabras,

algunos besos leves, abrazos,

el juego de la luz y de la sombra entre los árboles

cuando se mueven las ramas dóciles,

el gozo de hallarme solo

o en el tumulto de las calles,

o en los campos y en los ribazos de las colinas,

la sensación de la salud perfecta,

el trinar de la luna llena,

mi canto al salir del lecho y saludar al sol,

Nunca ha habido más energía original que ahora,

y jamás habrá más perfección que ahora...

Bienvenidos sean todos mis órganos

y todos mis atributos,

ni una pulgada, ni una partícula de una partícula

de una pulgada es vil,

y ninguna debe ser menos conocida que las otras.

Sé que soy sano y vigoroso

que todos los objetos del universo convergen

y manan hacia mí perennemente,

que todos me traen un mensaje

que debo descifrar.

Sé que soy inmortal,

me río de lo que llamáis muerte.

Existo como soy y eso basta.

Estoy enamorado de mí mismo,

hay tantas cosas en mí tan deliciosas.

Todos los instantes, todos los sucesos

me penetran de alegría.

Creo que una hoja de hierba no es menos

que el trabajo realizado por las estrellas,

que la hormiga es igualmente perfecta,

y que la articulación más insignificante,

y ninguno es más ni menos que yo,

y lo bueno y lo malo que de mí digo,

lo digo de ellos.

Sé que todos los hombres son mis hermanos,

que el amor es el sostén de la creación...

Quien degrada a otro me degrada a mí,

y todo lo que se dice o se hace vuelve al fin a mí.

Encarno a todos los marginados

y a todos los que sufren,

brotan de mí muchas voces largo tiempo mudas:

voces de interminables generaciones

de prisioneros y esclavos

voces de los enfermos y los desesperados,

voces de los seres despreciados.

Me veo en la cárcel con las facciones

de otro hombre,

y experimento su dolor sordo y constante;

no pregunto al enfermo como se siente;

me convierto en él.

Soy el esclavo perseguido, el niño silencioso

de rostro envejecido, el enfermo

que exhala su último suspiro.

Hombre y mujer, quisiera decirte

cuanto te amo pero no puedo,

y quisiera decirte los que hay en mí

y lo que hay en ti,

pero no puedo, y quisiera decirte

cómo late mi corazón día y noche,

y cuanto sufro, pero no puedo.

Walt Whitman (1819-1892)

Sólo el amor



Debes amar la arcilla que va en tus manos

Debes amar su arena hasta la locura

Y si no, no la emprendas que será en vano

Sólo el amor alumbra lo que perdura

Sólo el amor convierte en milagro el barro

Sólo el amor alumbra lo que perdura

Sólo el amor convierte en milagro el barro.

Debes amar el tiempo de los intentos

Debes amar la hora que nunca brilla,

y si no, no pretendas tocar lo cierto

Sólo el amor engendra la maravilla

Sólo el amor consigue encender lo muerto

Sólo el amor engendra la maravilla

Sólo el amor consigue encender lo muerto.

(“Causas y azares”-1986. Silvio Rodríguez)