martes, 28 de octubre de 2008

Salud y enfermedad, Yin y Yang


Esta es una imagen magnífica bajada de internet que representa nuestros hemisferios cerebrales y sus funciones.
En la práctica, la parte derecha es la que rige el lado izquierdo de nuestro cuerpo y la parte izquierda la que rige el lado derecho.
El hemisferio izquierdo se relaciona con lo masculino, con la energía masculina: es la parte práctica, capaz de realizar cálculos, la de los pensamientos lineales, la que lleva a cabo e impulsa cosas con decisión, se encarga de lo concreto.
El hemisferio derecho se relaciona con lo femenino, con la intuición, la creatividad, las emociones, el arte, lo sutil.
Desde este punto de vista o análisis, metafísicamente hablando, podemos hacer una lectura de nuestros síntomas físicos para comenzar a escarbar en su origen y por lo tanto aportar a restablecer nuestra la salud cuando la hemos perdido. Para esto basta aprender a "leernos" o interpretarnos de una manera nueva. Podemos relacionar cada parte de nuestro cuerpo físico con la asociación que hacemos al analizar su función y también a las frases hechas que repetimos sin darnos cuenta. Las piernas nos trasladan de un lado a otro, indican la dirección en nuestra vida y la acción; la columna nos sostiene, nos mantiene erguidos (o no) ante el mundo y sus desafíos ; los brazos, las manos, nos conectan con el exterior abrazan o rechazan las situaciones, a veces el no "querer dar el brazo a torcer" ante alguna situación es probable que sin saber cómo nos fracturemos el brazo y tengamos que tener obligadamente el brazo doblado por un yeso; los ojos son nuestras ventanas al exterior, nos muestran lo que queremos y lo que no queremos ver. Cuando no queremos ver algo... es habitual tener problemas en los ojos, cuando hay situaciones que nos irritan los ojos aparecerán irritados, unos ojos inyectados en sangre denotarán una gran ira.
También tiene que ver qué lado es el afectado, si es un miembro del lado izquierdo denotará algún conflicto con la parte femenina nuestra (no importa a qué género pertenezcamos ya que todos contenemos las dos esencias) o con alguna mujer, ya sea madre, hermana, amiga, esposa, amante, jefa, vecina. Y si el afectado es el lado derecho del cuerpo tendrá que ver con algún conflicto con nuestra parte masculina o con algún hombre de nuestro entorno.
Los órganos internos y sus afecciones también tienen su significado en este sentido, cosa que habiéndonos introducido en el tema ya resulta fácil de deducir o leer. Como que los pulmones representan nuestra capacidad para inspirar la vida; el estómago es el que digiere ideas o situaciones nuevas; los intestinos contienen y desechan situaciones que ya no nos sirven, por lo tanto el estreñimiento significaría que no estamos siendo capaces de resolver o deshacernos de cosas que ya no nos sirven en la vida.
Este es un pantallazo de un tema que me resulta apasionante no sólo porque vengo interiorizándome en él desde hace tiempo sino porque es muy fácil de comprobar en la práctica. Primero en uno mismo y nuestro entorno más cercano, que es como considero es la forma más genuina de aprender y aprehender las cosas, y luego con los demás. Que en mi caso es con mis pacientes, mis mayores maestros y espejos donde mirarme.
Adhiero a la idea de que la salud y la enfermedad son las dos caras de una misma moneda. Algo así como el yin y el yang de los orientales, la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Ambos se complementan. Y la enfermedad no es sino la luz roja que se enciende para avisarnos que algo en nuestra vida no está bien; primero nos envía pequeñas señales y si no las atendemos llega a desencadenarse la patología.
Pero también todo evoluciona y cambia... como está sucediendo con nosotros y nuestro planeta, por lo tanto de alguna manera vislumbro que este concepto también evolucionará y que cuando termine la depuración general necesaria llegaremos al punto tal de armonía que no necesitaremos de la existencia de la enfermedad para que venga a indicarnos que algo en nosotros se ha salido de rumbo. Está llegando el momento en que nuestros hemisferios cerebrales se unifiquen y se interconecten fluidamente, armoniosamente. Ya está sucediendo desde hace tiempo y puede comprobarse fácilmente cuando vemos cada vez más hombres conectándose con su parte femenina y asumiendo roles que antes eran impensados por estar asumidos sólo por las mujeres. Y a la inversa también, las mujeres cada vez en forma más generalizada (porque en todas las épocas hubo adelantados, pero eran casos excepcionales) han ido sacado a la luz su parte activa, relacionada con el hemisferio izquierdo, su parte masculina. Pero como se sabe, cuando algo ha estado mucho tiempo polarizado, inclinado extremadamente hacia un lado, al soltarse la tendencia al principio es a polarizarse en el otro extremo, luego irá fluctuando (imaginemos un péndulo balancéandose de derecha a izquierda y viceversa) hasta encontrar finalmente el justo y armonioso equilibrio. Que dicho sea de paso, en cuestiones de salud es el estado ideal.
Imaginen que maravilloso será cuando empecemos a utilizar esas partes de nuestros cerebros que han estado inactivas! Hay estudios científicos que señalan que los cerebros de los nuevos niños ya vienen provistos de unas cualidades que en nosotros eran impensadas. Bueno, pero este es otro tema que da para otra entrada más adelante...

Si les interesa el tema recomiendo nuevamente el libro "La enfermedad como camino", de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke (lo tengo en versión word, si desean que se los envíe me lo piden por correo). Y también "Sana tu cuerpo" de Louise Hay.

sábado, 25 de octubre de 2008

No estás deprimido, estás distraído


"No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla.

Distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos.

No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5.600 millones.

Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco; algo fundamental para vivir.

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los 90, sólo por citar dos casos conocidos.

No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada.

Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados.

Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor.

Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 o 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".

Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición.

Además, la felicidad no es un derecho sino un deber porque si no eres feliz, estás amargando a todos los que te rodean. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó matar a seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven, Caraballo, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.

No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.

Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruye hay millones de caricias que alimentan la vida."
Facundo Cabral

viernes, 24 de octubre de 2008

Barajar y dar de nuevo

Sin duda estamos ya viviendo en la Nueva Tierra. Lo sepamos o no, los cambios se suceden continuamente. Desde nuestra percepción del tiempo lineal, de la duración de los días, hasta los factores climáticos que despistan a los estudiosos del tema que parecen no ser capaces de predecir sin errores el estado del tiempo de un día para el otro. Nos encontramos a diario cada vez con más personas que prescinden de escuchar los pronósticos meteorológicos… quizá porque de lógicos ya tienen poco. Y cada vez más gente se guía por su propia percepción: resulta más fácil salir a la puerta y dedicar unos minutos a mirar el cielo y percibir en carne propia si sentimos frío o calor. Suele ser más común llevar un saquito para la vuelta, un pañuelo para el cuello y tal vez un paraguas en la cartera. Y en la misma jornada podemos pasar de una tormenta de agua y viento a un sol radiante de una hora a la otra.

Con todo esto, no es raro que nuestros cuerpos se hallen experimentando los mismos vaivenes.

Así como la Tierra se está depurando mediante esos fenómenos que a simple vista catalogamos como “malos” (tsunamis, terremotos, sequías, o lluvias en exceso en estaciones en las que eran inhabituales, etc.), nuestros cuerpos físicos y nuestros cuerpos sutiles mediante las enfermedades o síntomas más o menos graves se depuran también. Y se preparan para abarcar y vivir con intensidad estos nuevos tiempos que ya están aquí.

No tengo dudas de que este es un proceso que estamos viviendo como humanidad toda. No tengo dudas de que es algo que nos ocurre a todos seamos o no conscientes de ello. Cada quien le pondrá el nombre que desee, lo llamará de la manera que mejor le parezca. Habrá quienes deseen buscar y experimentar más allá, quienes lo nieguen y se evadan culpando a la fatalidad o a Dios, y quienes elijan “irse” o morir.

En este contexto es que yo elijo y emprendo esta tarea de escribir y contar algunas cosas. No tengo un esquema predeterminado a seguir, dejaré que mi alma, mi corazón y mi espíritu me guíen a través de estas páginas, las que salgan, ya que me mueve el deseo de servir y de comunicarme desde lo más genuino que he descubierto en mí que es la alegría de Ser y Estar viva en estos tiempos que corren.

Se me ocurre que hablaré de todo un poco. Tal vez incluya frases que he leído y me han marcado ayudándome en momentos importantes. Tengo cuadernos repletos de anotaciones de ese estilo. Podrán ser letras de canciones. Y también recetas culinarias que encuentro mechadas en esos cuadernos que narran momentos que he pasado. También hay extractos de libros sobre el origen y significado de diversas patologías, apuntes sobre distintas terapias, ejercicios físicos y de visualización, meditaciones, lecturas para recomendar, páginas web para visitar, y seguramente anécdotas varias.

Bienvenidos a compartir esta porcioncita del Universo conmigo. Ojalá estas letras ayuden a alguien o muchos a reflexionar, a reír, y a “esperanzar”. No me mueve otra cosa que las ganas de compartir y disfrutar de esta vida que merece ser vivida sin miedos y sin dolor, siempre jugando y eligiendo el lugar de la alegría.

Los invito a barajar y dar de nuevo.

jueves, 23 de octubre de 2008

A modo de presentación

Al principio, mi vida se me figuraba como un cuenco o recipiente que ya venía con cosas que alguien puso allí y yo no podía modificar.

Luego, muy pronto, jugué a ignorar esas cosas y empecé a encimarle cosas nuevas, incluso a presión. Obviamente, a veces el recipiente se desbordaba y varias veces llegó a astillarse un poco.

Un día, no tan pronto, descubrí que no existe un solo tipo de cuenco, que los hay de diferentes materiales y colores... y que uno puede elegir!

Al elegir, me gustó el transparente y el traslúcido, porque dejan pasar la luz, ver lo que hay dentro y reflejar los colores.

Cuando me animé (es decir, me asocié con mi ánima o alma), probé colocarlo debajo de una Fuente o cascada, donde el agua fluye constante, algo así como el río de la vida.

Cosas maravillosas comenzaron a pasar: el cuenco parece estar permanentemente lleno y vacío a la vez bajo el fluir del agua.

Seres y experiencias nuevas pasan por él modificándolo momentáneamente con sus luces y sus sombras pero sin resquebrajarlo, porque fluyen naturalmente por los bordes siguiendo el curso de la corriente.

Yo no intento retener ni una gota. Observar el manar de la fuente, me ha enseñado que todo es realmente uno, y por eso intentar retener algo me distrae de la maravilla de disfrutarlo mientras está pasando.

Según el momento, siguiendo el juego de las luces y las sombras, a veces a pleno sol y otras a plena luna, los límites del cuenco parecen desaparecer. Se convierte en uno con el agua, sus límites, que me parecían sólidos se desdibujan y desaparecen en el conjunto. Por más que abro mis ojos físicos no lo puedo ver, entonces me dedico a escuchar el sonido de la corriente de agua, que es música suave y sanadora para mí.

Ahí no existe la mente, sólo el sentimiento. Ahí siento que por un instante he llegado a un lugar nuevo y maravilloso, pero sólo por ese instante, que parece eterno... supongo que el siguiente paso sería el darme cuenta, experimentándolo, que yo también soy parte del todo, parte del agua, del cuenco, de la luz y de la sombra... pero todavía estoy intentando aprender a nadar.