martes, 9 de diciembre de 2008

Sólo el amor



Debes amar la arcilla que va en tus manos

Debes amar su arena hasta la locura

Y si no, no la emprendas que será en vano

Sólo el amor alumbra lo que perdura

Sólo el amor convierte en milagro el barro

Sólo el amor alumbra lo que perdura

Sólo el amor convierte en milagro el barro.

Debes amar el tiempo de los intentos

Debes amar la hora que nunca brilla,

y si no, no pretendas tocar lo cierto

Sólo el amor engendra la maravilla

Sólo el amor consigue encender lo muerto

Sólo el amor engendra la maravilla

Sólo el amor consigue encender lo muerto.

(“Causas y azares”-1986. Silvio Rodríguez)

Pan dulce para todo el año...

Masa madre
Harina 200 g
Huevos 3
Levadura 40 g
Masa
Harina 300 g
Levadura 20 g
Sal fina 10 g
Azúcar 100 g
Manteca 100 g
Miel 1 cda
Ralladura de limón c/n
Leche c/n
Frutas
Nueces 150 g
Almendras 150 g
Castañas de Cajú 150 g
Fruta abrillantada 150 g

Masa madre

Colocar en un bol la harina, los huevos y la levadura.
Mezclar e integrar amasando todos los ingredientes. Reservar en lugar cálido.

Masa


Para hacer la masa, colocar los ingredientes secos en forma de corona sobre la mesada, o en un bol, y luego incorporar los ingredientes húmedos en el centro, amasar bien, dejar reposar tapado con film, luego agregar la esponja, amasar nuevamente, dejar reposar hasta que doble su volumen.
Una vez que duplicó su volumen, colocar las frutas y dividir en bollos de 500 g cada uno, dar forma de bollo y dejar reposar y luego desgasificar y bollar nuevamente y colocar en moldes de aluminio ò papel, dejando que leve por última vez.
Llevar a horno y cocinar durante 35 minutos aprox. en horno a 180ºC.
Una vez retirado del horno, dejar reposar, y pintar con mermelada diluida y decorar con glasé y frutas.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Canción de Irupé Tarragó Ros

Jazmín

Vivo en un jazmín

y aprendí a vivir

otro invierno más

que se vuelve añil

Yo no soy de aquí

yo no tengo edad

cuido de la flor

en la gran ciudad

Necesito verte feliz

aunque ya no crees en mí

si no muere más el amor

aunque solo quede la flor

Fui a buscar tu risa mi amor

hacia el otro lado del sol

solo hallé este sueño

que guardo en un pétalo

de mi casa de flor

Te lo dejo a vos

te beso y me voy

porque ya entra un rayo de sol

y me estoy volviendo perfume

Llegará algún día el amor

y estará en tu risa mi flor

Yo me vuelvo ya a mi jazmín

donde el tiempo duerme mejor

Vivo en un jazmín...

jueves, 4 de diciembre de 2008

Shiatsu-Zen

Sin drogas, sin agujas, solamente con los dedos y manos. Shiatsu (presión con los dedos) es una terapia japonesa nacida en la primera década del siglo pasado, basada y perfeccionada en el antiguo tratamiento Anma que conformaba, con infusión de hierbas, la milenaria medicina oriental. Además de las manos, el terapeuta utiliza brazos y pies, y el peso de su propio cuerpo al realizar el tratamiento, que también incluye estiramientos. Sin duda es un tipo de masaje “no tradicional” en el mundo occidental, donde generalmente relacionamos al masaje con manipulaciones suaves, destinadas al relax, sobre un receptor pasivo. El Shiatsu también logra ese fin pero va más allá, dado que trabaja terapéuticamente tratando puntos específicos para determinadas dolencias basándose en los meridianos o tsubos. Y sus distintas manipulaciones implica a un receptor en principio atento a su respiración y luego a los diversos movimientos o toques que realiza el terapeuta que van provocando reacciones más o menos sutiles en otras partes del cuerpo, a veces distantes de la zona tratada, logrando sí después una relajación profunda.
La primera vez que vi una sesión de Shiatsu fue como si asistiera a una demostración de danza. El terapeuta se movía con tal armonía, y los toques parecían tan sutiles y relajantes, siguiendo el ritmo de la respiración del paciente a la que acoplaba la propia, que dije: ¡Yo quiero eso! Lo que yo había visto era una sesión de Shiatsu-Zen (o Zen-Shiatsu como también aparece a veces). Y lo que me provocó esa sensación de armonía fue precisamente la presencia del Zen.
Años después tomé clases de esta técnica y además del estudio de meridianos, puntos, patologías, etc., dedicábamos bastante tiempo al trabajo sobre nuestra persona, tanto físico y emocional como espiritual.
Físico, porque el Shiatsu requiere mucha elasticidad de parte del terapeuta, se trabaja en el piso, así que hay que entrenarse para estar bastante tiempo arrodillados e ir cambiando de posiciones suavemente para no cortar el “ritmo” de la sesión, aplicar las presiones con la fuerza correcta, y para no sufrir dolencias nosotros derivadas de malas posturas al trabajar.
Emocional, porque durante las clases hacíamos trabajos de integración grupal, con elementos como la musicoterapia, el autoconocimiento, y otras técnicas por el estilo; cosas esenciales para formar a un terapeuta íntegro, capaz de brindar servicio de la manera más sana posible. Si uno no está en armonía con uno mismo, raramente podrá ayudar a otro de manera consciente y responsable, como considero debe hacer cualquier persona que trabaje con otra.
Espiritual, con la práctica de la meditación, una herramienta muy útil para alcanzar la propia calma, la introspección necesaria para conectarnos con la parte más sutil y verdadera, creo yo, de nosotros mismos. Esto ayuda a llevar a cabo una sesión de manera más concentrada y alerta. Con la práctica del Shiatsu-Zen, vamos integrando todo este entrenamiento previo, y vemos gratamente los buenos resultados de un tratamiento en el que como terapeutas hemos puesto todos nuestros sentidos al servicio de la técnica. Y aquí reside la diferencia entre un tratamiento u otro.
Las personas no somos todas iguales, cada cual percibe la vida desde distintos sentidos, algunos de forma más cerebral, otros de manera más emocional, algunos más auditivos o visuales, etc. (la PNL lo explica muy bien). Estas diferencias hacen que nos relacionemos con el mundo según nuestra percepción personal y la forma en que hayamos encarado nuestra historia de vida. Personalmente considero muy importante tener todos los sentidos al servicio de la técnica, como decía antes. Me refiero a que en este tipo de tratamientos, uno aplica mucho más que el conocimiento práctico y concreto aprendido (a los que también podemos acceder leyendo cualquier libro). Hay un conocimiento más profundo, una conexión muy sutil, pero no por eso menos real, con otro tipo de sabiduría que sucede cuando nuestros canales de recepción están limpios y abiertos. El tener acceso a tratar a otra persona, a manipular su cuerpo, es un privilegio y una responsabilidad ante todo, lo cual debemos agradecer y honrar. El cuerpo es nuestro templo, y tiene memoria. Cuando recibimos a un “paciente” (trato de no utilizar demasiado esta palabra, que refiere a alguien pasivo, pero no he encontrado aún otra que la remplace totalmente) estamos tratando con todo un mundo que esa persona trae. No sólo con su dolencia física puntual, sino a veces con muchas cicatrices emocionales, por esa razón es importante estar lo más preparados posible para interactuar con ella y ayudarla a que encuentre el camino de vuelta a la armonía. Para este tipo de terapias “no tradicionales” en Occidente, generalmente la persona que trae la dolencia es o debería ser, participante activo. Como seres humanos tenemos responsabilidad por nuestras vidas, no somos como un auto al que llevamos al mecánico para que lo arregle. Si realmente queremos alcanzar la sanación deberemos animarnos a ir hasta el fondo de nuestros problemas siendo protagonistas; si sólo queremos curarnos recurriremos a una pastilla para esto o para lo otro, o a una operación de esto o de aquello... y estaremos siempre dependiendo de agentes externos, pasando inevitablemente una y otra vez por lo mismo, sin tomar el verdadero poder que tenemos.
Pero todas son decisiones personales. Nadie puede obligar a nadie a nada. Nadie puede cambiar a nadie. Cada cual tiene su propio ritmo y tiempo de crecimiento, de evolución. Igual, todos somos maestros. Y finalmente, todos somos Uno.
In lakesh (yo soy tú o yo soy otro tú)

lunes, 1 de diciembre de 2008

La importancia de incorporar semillas a nuestra alimentación

Es hora de que sepamos la importancia para nuestro organismo de incorporar semillas a nuestra dieta diaria. Cada vez más, los especialistas en nutrición se esmeran en destacar y recomendar la importancia de ellas en las dietas, pero la verdad es que en la práctica sabemos poco sobre ellas y la forma de utilizarlas.
Las semillas, por sus propiedades energéticas son una opción nada despreciable a la hora de querer lograr una alimentación equilibrada.
Una manera práctica de incorporarlas es consumir panes elaborados con ellas, como pueden ser los panes de sésamo, de girasol, de lino etc. En caso de tener niños a cargo, una manera de acostumbrarlos a este hábito saludable es preparándoles granola (muesli), de la cual hay muchísimas variaciones todas riquísimas (en próximas entradas pondré algunas recetas). Además la pueden comer sola o incorporarla a yogures o incluso helados.
Para las mujeres que estamos en la menopausia o en el climaterio, su etapa anterior, es importante consumir lo que llamamos fitoestrógenos, una mezcla de semillas de lino, sésamo, girasol y proteína de soja.
Las semillas de girasol son ricas en vitaminas del complejo B y su aceite, convenientemente procesado, provee valiosos ácidos grasos del grupo Omega 3.
El sésamo contiene un elevado porcentaje de proteínas, siendo particularmente rico en metionina. Las grasas que posee son en su mayoría no saturadas, por lo que resulta muy útil para mantener una circulación sanguínea saludable. Su riqueza en ácidos grasos y lecitina ayuda a disolver el colesterol y previene el agotamiento nervioso y mental. Su consumo cotidiano supone un aporte complementario de minerales, principalmente de calcio, fósforo, hierro y magnesio. El sésamo también contiene dos vitaminas del grupo B. En caso de usar las semillas enteras conviene tostarlas primero ligeramente en una sartén. Una vez tostado el sésamo puede usarse de muchas maneras: en ensaladas, añadido a cereales, pasteles, galletas, bocadillos, etc.
El lino tiene muchas propiedades y lo podemos utilizar no sólo como alimento sino también para tratar ciertas patologías. Es refrescante y diurético y también actúa en casos de inflamaciones internas.
Con dos cucharaditas de semillas de lino y medio litro de agua hirviendo podemos preparar una infusión, que nos ayudará en estos casos. Actúa como laxante, siendo de gran ayuda en los casos de estreñimiento. Para ello debemos poner una cucharada de semillas en un vaso de agua, junto con cuatro ciruelas secas, dejamos en remojo toda la noche y a la mañana siguiente consumimos en ayunas.
La proteína de soja o soja texturizada tiene las siguientes características:

· 53% de proteínas (más del doble que la carne).

· 1% de grasas.

· 5% de minerales.

· 35 % de hidratos de carbono.

¿Qué es un niño índigo?

"(…)

CAPÍTULO UNO

¿Qué es un niño índigo y por qué le llamamos índigo?

Primero la definición:

- Es un niño que muestra una nueva y poco usual serie de atributos sicológicos con un patrón de comportamiento no documentado antes. Este patrón de comportamiento tiene factores comunes únicos que sugieren a quienes interactúan con los niños (los padres en particular) que deben cambiar la forma de tratarlos y de criarlos para poder lograr un equilibrio adecuado. Ignorar estos nuevos patrones de comportamiento es crear un desequilibrio potencial y una gran frustración en la mente de estas preciosas nuevas vidas. El tema de este capítulo es identificar, calificar y validar los atributos de un niño Índigo.

Parece que hay varias clases de niños índigo y los vamos a describir más adelante, pero en la siguiente lista le daremos unos de los patrones de comportamiento más importantes, ¿Encaja alguien que usted conoce en estos patrones?

A continuación presentamos 10 de los rasgos más comunes de un niño índigo:

1. Ellos vienen a este mundo con un sentimiento de realeza (y frecuentemente se comportan como tales).

2. Ellos tienen la sensación de "merecer estar aquí" y se sorprenden cuando otros no comparten esa misma sensación.

3. La autoestima no es para los niños índigo un gran tema de preocupación (ellos con frecuencia les dicen a sus padres "quiénes son ellos" - los niños).

4. Ellos tienen dificultad en aceptar una autoridad absoluta (autoridad sin ninguna explicación o sin más alternativas).

5. Ellos simplemente no harán ciertas cosas; por ejemplo: esperar en una fila es muy difícil para ellos.

6. Se frustran con sistemas que son como rituales y que no requieren de pensamientos creativos.

7. Con frecuencia ellos tienen mejores formas de hacer las cosas, tanto en la casa como en la escuela, lo que los hace ser como rebeldes, inconformes con cualquier sistema.

8. Parecen muy antisociales a menos que se encuentren entre niños de su misma clase. Si no hay otros con el mismo nivel de consciencia, a menudo se tornan retraídos, sintiendo que ningún ser humano los entiende. La escuela es para ellos un sitio donde les es muy difícil socializar.

9. Ellos no responderán a la disciplina de "culpa" ("espera que tu padre llegue a casa y se entere de lo que has hecho").

10. Ellos sienten timidez en expresarle a usted lo que necesitan (…)"

Extracto de: "Los niños índigo, los nuevos chicos han llegado".
Autores: Lee Carroll y Jan Tober

Meditación en la luz

Siéntate con la columna erguida, los ojos cerrados, y comienza a respirar lenta y profundamente por la nariz, enviando el aire a la parte baja de los pulmones. Siente en tu abdomen el movimiento del aire.

Piensa en cada parte de tu cuerpo, una a una, y ve relajándolas conscientemente, comenzando por los pies hasta llegar a la cabeza.

Luego, concéntrate en el punto que se encuentra entre tus ojos, el entrecejo, y allí visualiza una luz. Si no logras visualizar la luz fácilmente, puedes ayudarte con una vela. Mira fijamente la luz de la vela encendida, y luego al cerrar los ojos la imagen de la luz quedará allí.

Comienza por llevar esta luz hacia el centro de tu cabeza, ilumina tu mente para que tus pensamientos sean siempre puros y bellos.

Lleva la luz hacia tus oídos para siempre escuchar lo bueno, luego llévala a tus ojos y piensa en ver siempre solo lo bueno en las personas, en las situaciones, en la vida.

Lleva ahora esta luz a tu boca, para que todas las palabras que de ella salgan sean siempre sagradas y puras, piensa en que nunca una palabra tuya dañará o hará sentir mal a otro.

Luego lleva la luz a tu nariz, respira profundo, siente que inhalas luz, tus pulmones se llenan de luz, y que de ahora en más cada vez que respires vas a purificar y sanar tu cuerpo.

Llena toda tu cabeza de luz, cada parte, por dentro y por fuera, y luego comienza a bajar hacia el cuello, llena el cuello y hombros de luz, siente cómo se relajan aún más.

Continúa bajando esta luz por los brazos y manos. Visualízalos llenos de luz y pide que todo lo que hagan tus manos sea para servir a los demás, que nunca dañen, sino que ayuden.

Lleva la luz ahora hacia las piernas y pies, y visualízalos llenos de luz, y pide que siempre te lleven donde te necesiten, donde puedas servir.

Trae ahora la luz a tu abdomen y visualiza cada órgano que allí se encuentra, lleno de luz. Una luz sanadora y purificadora.

Por último, lleva la luz al centro del pecho y llena de luz tu corazón, que al llenarse de luz se llena de más y más amor. Y comienza a expandir este amor desde el corazón a tus seres queridos, visualízalos llenos de luz y envíales todo el amor.

Luego llena de luz toda tu casa y luego a toda la ciudad o región. Visualiza todo el país lleno de luz, y luego todo el mundo como una gran bola de luz.

Por último visualiza todo el Universo lleno de luz, siéntete parte de él, ya no hay diferencia entre tú y el Universo entero, todo es luz, todo es Amor, todo es Uno.