Sin drogas, sin agujas, solamente con los dedos y manos. Shiatsu (presión con los dedos) es una terapia japonesa nacida en la primera década del siglo pasado, basada y perfeccionada en el antiguo tratamiento Anma que conformaba, con infusión de hierbas, la milenaria medicina oriental. Además de las manos, el terapeuta utiliza brazos y pies, y el peso de su propio cuerpo al realizar el tratamiento, que también incluye estiramientos. Sin duda es un tipo de masaje “no tradicional” en el mundo occidental, donde generalmente relacionamos al masaje con manipulaciones suaves, destinadas al relax, sobre un receptor pasivo. El Shiatsu también logra ese fin pero va más allá, dado que trabaja terapéuticamente tratando puntos específicos para determinadas dolencias basándose en los meridianos o tsubos. Y sus distintas manipulaciones implica a un receptor en principio atento a su respiración y luego a los diversos movimientos o toques que realiza el terapeuta que van provocando reacciones más o menos sutiles en otras partes del cuerpo, a veces distantes de la zona tratada, logrando sí después una relajación profunda.
La primera vez que vi una sesión de Shiatsu fue como si asistiera a una demostración de danza. El terapeuta se movía con tal armonía, y los toques parecían tan sutiles y relajantes, siguiendo el ritmo de la respiración del paciente a la que acoplaba la propia, que dije: ¡Yo quiero eso! Lo que yo había visto era una sesión de Shiatsu-Zen (o Zen-Shiatsu como también aparece a veces). Y lo que me provocó esa sensación de armonía fue precisamente la presencia del Zen.
Años después tomé clases de esta técnica y además del estudio de meridianos, puntos, patologías, etc., dedicábamos bastante tiempo al trabajo sobre nuestra persona, tanto físico y emocional como espiritual.
Físico, porque el Shiatsu requiere mucha elasticidad de parte del terapeuta, se trabaja en el piso, así que hay que entrenarse para estar bastante tiempo arrodillados e ir cambiando de posiciones suavemente para no cortar el “ritmo” de la sesión, aplicar las presiones con la fuerza correcta, y para no sufrir dolencias nosotros derivadas de malas posturas al trabajar.
Emocional, porque durante las clases hacíamos trabajos de integración grupal, con elementos como la musicoterapia, el autoconocimiento, y otras técnicas por el estilo; cosas esenciales para formar a un terapeuta íntegro, capaz de brindar servicio de la manera más sana posible. Si uno no está en armonía con uno mismo, raramente podrá ayudar a otro de manera consciente y responsable, como considero debe hacer cualquier persona que trabaje con otra.
Espiritual, con la práctica de la meditación, una herramienta muy útil para alcanzar la propia calma, la introspección necesaria para conectarnos con la parte más sutil y verdadera, creo yo, de nosotros mismos. Esto ayuda a llevar a cabo una sesión de manera más concentrada y alerta. Con la práctica del Shiatsu-Zen, vamos integrando todo este entrenamiento previo, y vemos gratamente los buenos resultados de un tratamiento en el que como terapeutas hemos puesto todos nuestros sentidos al servicio de la técnica. Y aquí reside la diferencia entre un tratamiento u otro.
Las personas no somos todas iguales, cada cual percibe la vida desde distintos sentidos, algunos de forma más cerebral, otros de manera más emocional, algunos más auditivos o visuales, etc. (la PNL lo explica muy bien). Estas diferencias hacen que nos relacionemos con el mundo según nuestra percepción personal y la forma en que hayamos encarado nuestra historia de vida. Personalmente considero muy importante tener todos los sentidos al servicio de la técnica, como decía antes. Me refiero a que en este tipo de tratamientos, uno aplica mucho más que el conocimiento práctico y concreto aprendido (a los que también podemos acceder leyendo cualquier libro). Hay un conocimiento más profundo, una conexión muy sutil, pero no por eso menos real, con otro tipo de sabiduría que sucede cuando nuestros canales de recepción están limpios y abiertos. El tener acceso a tratar a otra persona, a manipular su cuerpo, es un privilegio y una responsabilidad ante todo, lo cual debemos agradecer y honrar. El cuerpo es nuestro templo, y tiene memoria. Cuando recibimos a un “paciente” (trato de no utilizar demasiado esta palabra, que refiere a alguien pasivo, pero no he encontrado aún otra que la remplace totalmente) estamos tratando con todo un mundo que esa persona trae. No sólo con su dolencia física puntual, sino a veces con muchas cicatrices emocionales, por esa razón es importante estar lo más preparados posible para interactuar con ella y ayudarla a que encuentre el camino de vuelta a la armonía. Para este tipo de terapias “no tradicionales” en Occidente, generalmente la persona que trae la dolencia es o debería ser, participante activo. Como seres humanos tenemos responsabilidad por nuestras vidas, no somos como un auto al que llevamos al mecánico para que lo arregle. Si realmente queremos alcanzar la sanación deberemos animarnos a ir hasta el fondo de nuestros problemas siendo protagonistas; si sólo queremos curarnos recurriremos a una pastilla para esto o para lo otro, o a una operación de esto o de aquello... y estaremos siempre dependiendo de agentes externos, pasando inevitablemente una y otra vez por lo mismo, sin tomar el verdadero poder que tenemos.
Pero todas son decisiones personales. Nadie puede obligar a nadie a nada. Nadie puede cambiar a nadie. Cada cual tiene su propio ritmo y tiempo de crecimiento, de evolución. Igual, todos somos maestros. Y finalmente, todos somos Uno.
In lakesh (yo soy tú o yo soy otro tú)
3 comentarios:
Entiendo lo que decís y lo comparto, tenemos que buscar la armonía, así encontraremos la forma de ayudarnos; sólo que no veo por ejemplo a mi padre yendo a una terapeútica como ésta; vos decís que hay que respetar el ritmo de cada persona, eso es una gran verdad, pero me gustaría saber cómo podría hacer para convencer a mi padre, aunque sea de ir al médico.
Un beso y que pases bien.
naná
Es un poco extenso para contestarte por esta vía. Depende de cuál es la patología que tiene tu papá, y luego el contexto. Si querés contame por mail qué es lo que le pasa, así puedo orientarte un poco más.
Un beso
bueno, cuando tenga un rato largo en la pc te mando un mail.
Gracias.
naná
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